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Por los cubanos de hoy y por la Cuba del mañana Año IV, No. 29 - Febrero, 2004 |
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EN ESTE NÚMERO:
El derecho a ser nosotros mismos
En tus manos,
cultivador de la tierra, está el futuro de Cuba
Humilde Testimonio
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¡Escucha abuelito….!
Cuba es una palabra SAGRADA. Es la palabra que más yo he escuchado en mi vida. Si mal no recuerdo las primeras palabras que escuché al salir del vientre de mi madre fueron las de mi abuelo gritando: "Carajooo, llegó al mundo otro cubano!"... Cuba es una palabra que cuando el noticiero la menciona yo sé que me tengo que quedar callado y si no me callo tengo que escuchar a toda la familia regañándome y diciéndome: "Cállate la boca, muchacho, que están hablando de Cuba!"... Y si en la televisión americana se oye la palabra QUIUBA ya yo sé que tengo que escuchar y estar listo para traducir, porque el abuelo inmediatamente, como un resorte, me va a preguntar: "A ver, a ver, ¿qué están diciendo de Cuba, chico?" ... Pero a mi alrededor. Cuba no es una palabra. Cuba es como un credo, como una religión. Tal parece que todos en mi casa tienen a Cuba en un altar Cuba es una obsesión. Yo me imagino que hasta el agua bendita de las Iglesias debe de venir de algún río de Cuba. Y con lo fuerte que es mi abuelo, con lo mucho que me ha repetido en mi vida que "los hombres no lloran", él llora cada vez que menciona a Cuba. Cuba es como una sombra que me sigue a todas partes, Cuba está en las conversaciones, en las discusiones, en las fiestas, en los velorios, en los periódicos que lee mi abuelo, en forma de islita en una cadenita que me regaló mi abuelita, y hasta en la fiesta de quince años de mi hermanita se habló mucho de Cuba. Tener la sangre cubana, esa que tanto mi abuelo me dice que yo tengo, es muy bueno, porque me permite ir a McDonald's y a Burger King y después llegar a la casa y comerme unas croquetas y unas papas rellenas, puedo disfrutar de la música de aquí y al mismo tiempo me encanta cuando escucho a Celia Cruz diciendo: "¡Azucaaaaa!". Mis compañeros de colegio tienen una sola patria, yo tengo dos: la mía y la de mis abuelos. Ellos tienen sus héroes nacionales, yo tengo los míos y los de mis abuelos. Es más, mis compañeros de colegio no tienen el privilegio de saber quienes fueron José Martí, Antonio Maceo, ni Máximo Gómez. Y yo si sé quienes fueron porque mi abuelo me lo ha enseñado... Y yo tengo por ser cubano, según mi abuelita, tres santos: San Lázaro, Santa Bárbara y la Caridad del Cobre que me cuidan hasta de un simple catarro... ¿Qué dónde está Cuba? Si ustedes le preguntan a mi abuelo él le señalará con el dedo índice a su pecho. Ahí está Cuba: ¡En el corazón de mi abuelo!... Pero mi abuelo y yo no siempre estamos de acuerdo en lo que es Cuba.. Para mí Cuba es José Canseco y para él es Orestes Miñoso, para mí Cuba es Andy García y para él es César Romero, para mí Cuba es Gloria Estefan y para él es Olga Guillot, para mí Cuba es Willy Chirino y para él Barbarito Diez. Para mí Cuba es "la Salsa". Para él, Cuba es rumba y guaguancó. Cuba, según el mapa de este colegio está en el caribe, pero la verdad es que Cuba está en mi hogar Cuba está dentro del refrigerador de mi casa. Cuba está en el patio de mi casa, en las matas de aguacate y de guayaba que sembró mi abuelo, Cuba está en el lunch que me prepara mi mamá y Cuba está en el café que cuela mi abuela... Y no sé la calificación que recibiré con esta composición, pero no importa, yo estoy contento porque estoy seguro de que mi abuelito con lágrimas en sus ojos me dará una "A". Y el abuelo sonriente y orgulloso le responde: —¡No, no voy a llorar, y no solamente te doy una A, sino que te doy un abrazo, ¡caramba! EN ESTE NÚMERO:
El derecho a ser nosotros mismos
En tus manos,
cultivador de la tierra, está el futuro de Cuba
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