| Confederación Campesina de Cuba |
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¿Vale el trabajo de los campesinos?
Lázaro Raúl González, CPI
HERRADURA, marzo (www.cubanet.org) - Hay gente en Cuba cuya creencia es que los campesinos son macetas, o sea adinerados, y es verdad que hay algunos que por las
características de sus tierras, las variedades que siembran y los volúmenes de sus producciones son campesinos
prósperos.
Pero el calificativo de maceta no es aplicable a la mayoría de los campesinos cubanos, que por lo general trabajan en exiguas extensiones de terreno
agrícola de la peor calidad, y a duras penas vegetan debido al férreo control del Estado.
El pequeño sector campesino privado de la isla depende completamente de los insumos (siempre insuficientes y nulos con frecuencia) que le suministra el gobierno, que a su vez le impone planes de siembra y le secuestra las producciones,
pagándoselas a precios superbajos.
Por ejemplo, en la zona de Herradura, en la provincia Pinar del Río, los mercaderes estatales pagan a los campesinos entre cuatro y seis
dólares por cada quintal de tabaco en palo, y después vende la cajetilla de cigarrillos al precio
mínimo de 50 centavos de dólar. Bastaría la venta de una decena de las muchas de cajetillas de cigarrillos que se pueden elaborar con un quintal de tabaco para recobrar la
mísera suma con que se le pago al campesino.
Esta practica abusiva es utilizada por el gobierno de Cuba para comprarle a los productores particulares la generalidad de sus producciones. Los campesinos privados prefieren comerciar ilegalmente porque
están sujetos a numerosas regulaciones del Estado por las cuales este obtiene todos los beneficios y controla la labor de aquellos.
Resulta peligroso para estos campesinos echar a un lado al Estado. Recientemente a
José Ramón Pino Robaina, de la cooperativa J. Hernández León, que reside en
Consolación del Sur, le decomisaron la tierra que trabajaba en usufructo y otras propiedades inmuebles por venderle parte de sus producciones a particulares.
Sin embargo, venderle a los particulares tampoco le garantiza al campesino que
obtendrá precios justos para sus mercancías.
El pasado mes de febrero, mientras el campesino podía vender el tomate a un centavo de
dólar la libra, este producto era vendido por los particulares a precios tres o cuatro veces mas altos en mercados urbanos. Lo mismo ocurre con el resto de las producciones
agrícolas.
En general, al campesino cubano le cuesta mucho estrés y trabajo obtener una cosecha debido a la falta de recursos
económicos, de tecnología y por las abusivas exigencias de los parásitos funcionarios del Estado, a lo que hay que agregar la ola de delincuencia que
DIA y noche barre con los sembrados del país.
Es casi un milagro que un campesino pueda ganar mil dólares netos al año, suma que solo garantizara el sustento familiar.
Envidiar la situación de los guajiros solo es posible para el resto de la población
cubana que, con ingresos percápita inferiores a los 120 dólares anuales, difícilmente
pueda acceder a una cena compuesta de un plato de arroz, otro de frijoles y un muslo de pollo. Todo un lujo en estos tiempos.
Por lo demás, obreros y campesinos por igual carecen del mas preciado bien existencial: la razonable cuota de libertad que demanda la dignidad humana.
OTRAS NOTI-AGRARIAS:
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